
Cansado de tener que reivindicar la autoría de “
Pesadilla antes de Navidad” por delante de Tim Burton al que el conocimiento general atribuye la total creación de esta obra de culto, el director Henry Selick se enfrenta con “
Los mundos de Coraline” ante una gran oportunidad para demostrar su potente inventiva visual, no menos gótica que la de las aventuras de Jack Skeleton, y su talento narrativo y manejo de la técnica del stop-motion, que tan populares hicieron a esa pesadilla de nochebuena.

Selick no ha desaprovechado la ocasión para; 1) conseguir por fin que el gran público relacione su nombre con el de “
Pesadilla antes de Navidad” tanto como ocurre con el de Tim Burton y 2) crear otra obra no exenta de un universo repleto de imaginación, angustia y fuertes contrastes cromáticos.
Porque la historia y los extravagantes personajes de “
Los mundos de Coraline” nacida de la mente del polifacético Neil Gaiman (“
Stardust”) necesitaban, precisamente, de este singular estilo plástico que la unión del stop-motion y el gusto por lo oscuro y siniestro traen consigo.

Coraline es una niña que al mudarse a un nuevo hogar descubre en una de sus habitaciones una pequeña puerta que abre camino a un universo paralelo donde sus padres, amigos y deseos mejoran la realidad en la que Coraline vive. Maravillada por las virtudes de este “mundo perfecto”, la niña pronto comprobará los peligros que este viaje entraña.
Ese pasadizo oculto que investigará una y otra vez Coraline conlleva no solo la aventura (y un poco de horror y pesadilla) sino también un viaje iniciático con mensaje implícito para los más pequeños; no dejarse embelesar por los caprichos, los peligros de lo prohibido y el saber apreciar y valorar lo que uno posee.

Demasiado terrorífica para los niños de edad no avanzada (no en vano los enemigos de Coraline pretende sacarle los ojos y sustituirlos por botones) y, probablemente, infantil en exceso para los más adultos que les acompañan, a pesar de sus grandes dosis de tenebrosidad, “
Los mundos de Coraline” brilla principalmente por su excelente factura técnica que hace de Selick un maestro de este género animado y por su recargado, asfixiante y lúgubre tono, condiciones que le acercan hacía el tipo de público que adora “
Pesadilla antes de Navidad” y que siempre ha disfrutado con “
Alicia en el país de las maravillas”, principal fuente de la que bebe esta película.Esta referencia al relato de Lewis Carroll incluye a “
Los mundos de Coraline” en ese grupo de cintas animadas donde mundos inexplorados dan rienda libre a la creatividad artística. Antes de Coraline, fue Chihiro quien cambió el mundo real al atravesar un tunel, Mike Wazoskwi y Sully quienes descubrieron unas puertas mágicas en “
Monstruos. S.A.” o los intrépidos niños de “
Monster House” al curiosear en una peligrosa casa que tiene mucho en común con el hogar de Coraline. Todas, películas con una gran riqueza artística.

Concebida como película en 3D dentro de esta nueva ola tridimensional que empieza a revolucionar el cine, “
Los mundos de Coraline” se disfrutará en mayor grado con las famosas lentes puestas, pero también sin ellas al tratarse de una encantadora pesadilla repleta de arte e inspiración que contrarresta a todo aquel cine acomodaticio que nos pueda llegar desde la meca del cine.