29 de abril de 2013
"IRON MAN 3": EL BLOCKBUSTER QUE SIEMPRE QUISISTE

 
“Nosotros creamos nuestros propios demonios”. Alguien en algún momento pronunció esta cita célebre. No esperemos conocer más detalles sobre ella, Tony Stark la hace suya pero confiesa ni saber quien es el autor. Así, con la voz en off de un Stark no demasiado documentado, comienza “Iron Man Three” para, acto seguido, dar pie a un rompepistas noventero de Eiffel 65 y a un flashback ambientado en época navideña. Apenas han bastado un par de minutos para comprobar que Shane Black va a hacer de las suyas aún estando al frente de una superproducción de gran estudio, por si quedaba alguna duda de si el guionista de “El último boy scout” o director de “Kiss Kiss Bang Bang” podía ceder su particular estilo frente a las imposiciones de una major como Paramount Pictures.
Por suerte Marvel Studios también está detrás, viene de hacer una película 100% disfrutable como “Los Vengadores” y el superhéroe en cuestión no es otro que “Iron Man” el más chulapo e insolente de los superhombres marvelitas lo que pone en bandeja a Shane Black un producto idóneo para dar rienda suelta a sus constantes cinematográficas y por ende, una oportunidad de oro para que Stark (Downey Jr. en su salsa más absoluta) sea todavía más cínico, pronuncie frases más aplastantes y protagonice metamomentos para la historia del blockbuster.

Este cierre de trilogía, con carácter conclusivo continúa en la senda de las dos entregas anteriores mezclando elevadas dosis de humor con acción a raudales, si bien, el guión de Black y Drew Pearce engarza con otros títulos del blockbuster reciente, “Skyfall”, “El caballero oscuro, la leyenda renace” a la hora de presentar al héroe en proceso de introspección y recomposición. Tony Stark (más Stark y menos Iron Man que nunca) tiene ansiedad, pesadillas y una excesiva obsesión por su trabajo, sin embargo no encontramos al hombre afectado de los citados títulos anteriores y si a un tipo que tira de arrogancia y obstinación para resolver sus posibles problemas. Solo así Stark hará una confesión muy sobrada que ponga en riesgo su vida y la de Pepper Pots (de nuevo encarnada por Gwyneth Paltrow, con mayores dosis de protagonismo), buscará venganza por su amigo Happy (Jon Favreau, director de las dos primeras entregas) y será capaz de reinventarse desde una pequeña cabaña de un perdido pueblo norteamericano con la ayuda inesperada de un niño. Romance, amistad, un resurgir nada místico (Black se ríe de los retiros remotos de algún que otro superhéroe) y toques de buddy movie improvisada plagada de diálogos referenciales (-“¿podemos hablar de “Los Vengadores"?- No se, más tarde-.Chaval, no me agobies”) para componer una película que se guarda para sí unos secundarios de lujo como Guy Pearce o especialmente Ben Kingsley o en menor medida, Rebbeca Hall y unas espectaculares escenas de acción perfectamente integradas (y rodadas) en el desarrollo de la trama militar y tecnológica basada en el arco argumental de los comics “Extremis”.


Si “Los Vengadores” supusieron un entretenimiento de primer nivel, “Iron Man 3” convierte definitivamente a Marvel en la gran conocedora de la esencia del blockbuster de nuevo cuño, la cual acierta  otorgando a Shane Black plenos poderes para hacer y deshacer a su antojo el universo del multimillonario héroe, algo que sienta de maravilla al carácter díscolo y travieso del bueno de Stark, el cual ahora no solo explota su catálogo de chistes sino que también es capaz de lucir con orgullo un reloj de Dora la exploradora o sintonizar el último capítulo de Downton Abbey. Shane Black y Robert Downey Jr. lo han pasado en grande haciendo esta tercera entrega de “Iron Man” y nosotros con ellos.
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22 de abril de 2013
"LA CAZA"; ¿LOS NIÑOS NUNCA MIENTEN?


Afirma Thomas Vinterberg (“Celebración”) que no se ha basado en un único caso para relatar la historia de una mentira infantil que desencadena una imputación social a un profesor de primaria, y sí en diferentes noticias reales coincidentes. Desafortunadamente noticias como esta ocurren con demasiada frecuencia (sin ir más lejos, en Albacete todavía colean las circunstancias de un caso sorprendentemente parecido al de la película de Vinterberg) y el cine ha reflejado en numerosas ocasiones las consecuencias humanas de una acusación infundada, desde la magnifica “La calumnia” (1961, William Wyler) donde Audrey Hepburn y Shirley McClaine sufrían el vapuleo de un malintencionado rumor infantil hasta la sobria “La duda” (2008, John Patrick Shanley) con Phillip Seymour Hoffman como objeto/sujeto incriminado, pasando por el daño provocado por la envidiosa confesión de Saoirse Ronan en “Expiación” (2007, Joe Wright).

Vinterberg, componente del movimiento Dogma 95 y explorador del comportamiento humano, de las conductas de la comunidad social, encuentra en “La Caza” (2012, "The Hunt")un vehículo perfecto para volver a poner en liza sus inquietudes como autor. En la humillación de Lucas, un profesor de primaria acusado de abuso de menores, basa el director danés su relato, ubicado en un entorno cerrado, cercano, fraternizado, no por casualidad. En un pueblo pequeño el eco de un rumor siempre se expande con mayor facilidad. Lucas (y por ende, el espectador) sufrirá el dolor del vapuleo social, un linchamiento muy próximo y derivado de la realidad en que vivimos donde la susceptibilidad, la paranoia, el castigo social se magnifican por encima de la presunta inocencia, la justicia, la confianza.

Eso de que los niños nunca mienten es llevado al extremo en esta pequeña comunidad danesa hasta condenar a Lucas a la más severa exclusión. El relato es cruel con su personaje, al cual martillea constantemente. “La Caza” presenta a Lucas como un tipo modelo, amable y cortés y al que le van bien las cosas (divorciado, pronto su hijo comenzará a vivir con él, está iniciando una nueva relación) para posteriormente condenarlo, algo doloroso para el espectador, conocedor de los detalles de los hechos que los habitantes del pueblo desconocen. La narración, lenta y firme, e inclemente con su protagonista se convierte en insoportable para el que asiste a la sucesión de los hechos, el cual, por momentos, desearía que del honrado y sosegado Lucas surgiese una especie de Dustin Hoffman recien salido de “Perros de Paja”, más cuando un halo de tragedia sobrevuela un relato que gira alrededor de una comunidad con aceptado gusto por las armas, en otra insinuada crítica  de Vinterberg hacía el sistema.

La pulcra realización del director danés se apoya en la incomensurable interpretación de un contenido Mads Mikkelsen, habitual villano (lo tenemos actualmente ejerciendo de Hannibal Lecter en la serie de la NBC, "Hannibal") cuyo entregado papel como el maestro calumniado encuentra su culmen en la secuencia final de la iglesia. Un trabajo que bien vale su premio a Mejor Actor en el pasado Festival de Cannes.

Los Premios del Cine Europeo también recompensaron el guión de esta drama terrorífico y angustioso capaz de impactar e incomodar a la vez que sirve como eficaz denuncia de una sociedad actual que encuentra en el ajusticiamiento un escape a sus temores e insatisfacciones más ocultos y como estudio del impacto de una mentira para damnificar una vida.
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16 de abril de 2013
"TIPOS LEGALES"; A LA VEJEZ,VIRUELAS


Mientras Michael Haneke nos aterraba con su severa y realista visión de la tercera edad en “Amour”, “Tipos Legales”  aterriza en la cartelera apenas unos meses después para decirnos que la vejez no es tan desoladora. En realidad, es casi una práctica habitual en Hollywood que todo actor con mayúsculas se guarde para sí una película ligera y despreocupada que sirva de reencuentro con amigos de la interpretación, con la que relajarse y disfrutar de un plácido y nostálgico rodaje y que, por supuesto, tenga a la vejez como base del relato. Lo hizo Clint Eastwood con “Space Cowboys” o Jack Nicholson con “Ahora o nunca”. También habló de la tercera edad, Dustin Hoffman en su tardío debut en la dirección con “Quartet”. Ahora, Al Pacino, Christopher Walken y Alan Arkin hacen lo propio con “Tipos Legales” dirigida por Fisher Stevens, aquel que fuese novio de Phoebe en “Friends” y protagonizase “Cortocircuito”.

No esperen nada memorable de “Tipos Legales”. Se trata de un producto inofensivo, carente de cualquier pretensión, fácilmente digerible y algo olvidable cuyo principal cometido es hacer pasear la mirada cómica y despreocupada de grandes glorias de Hollywood. Porque este es, sin duda, un vehículo, ya no para el lucimiento, sino para el pasatiempo de Pacino, Walken y compañía, cargado de guiños a interpretaciones pasadas y chistes fáciles. Hubo una vez en que Pacino metido en la piel del agresivo Tony Montana sacó a bailar a Michelle Pfeiffer, y en que bailó un tango a ciegas que le proporcionó un Oscar. En "Tipos Legales", Pacino saca a bailar a una joven cualquiera, no sin rogarselo previamente. Para recordar tiempos mejores. Para que rememoremos que una vez Pacino fue grande. Para detectar que el bueno de Al sabe que cualquier tiempo pasado fue mejor y que alberga cierto sentido de la parodia.


Entre batallitas, abusos de viagra y correrias nocturnas en slow-motion que puedan recordar furtivamente a "Jo,que noche" (esa irrupción de Vanesa Ferlito, la bailarina de "Death Proof"), la película de Stevens apunta levemente un par de tramas de fondo que permitan a "Tipos Legales" no ser una película que no tenga absolutamente nada que contar. Una misión a ejecutar por Walken que afecta directamente a Pacino, un nieta a la que visitar cada día, un rescate de un geriatrico con final fatal pero feliz. Detalles que permiten avanzar a una película prejubilatoria pero entrañable por inocua y simpática. Al fin y al cabo ¿por qué ibamos a negarle el divertimento a unos mayores que lo han sido todo?.
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8 de abril de 2013
"EFECTOS SECUNDARIOS": DEPRESIONES QUE MATAN


Nunca he acabado de creer la jubilación anticipada de Steven Soderbergh, por mucho que el director norteamericano se haya encargado de confirmar una y otra vez su retirada del mundo del cine. Desde 2011 en que surgieron las primeras noticias de su marcha, el realizador de “Traffic” ha encadenado un producto tras otro, alternando géneros y encargos de la industria con proyectos más personales. Ahora Soderbergh vuelve a asegurar que lo deja y que “Efectos secundarios” será su última película, aunque yo me reafirmo en pensar que la sutileza y el mimo con que Soderbergh maneja este título lleno de juguetones giros argumentales no son propias de alguien hastiado y fatigado de ocupar la silla de director.

Efectos secundarios” se fija en los antidepresivos, los ansiolíticos y las depresiones en la gran ciudad. La necesidad de terapia como solución a los males y traumas heredados. En su arranque podría ser la película de cabecera de todo visitador médico, con sus anuncios de pastillas, sus acuerdos entre farmacéuticas y profesionales para potenciar medicamentos (algo a lo que ya se acercase Soderbergh en la reivindicable “Contagio”) y la confianza ciega del paciente en los fármacos. En definitiva, el drama de una joven sumida en problemas psicológicos que coquetea con el suicidio como escape a su abatimiento personal. Pero Soderbergh no está conformando precisamente un drama sobre la psique y las soluciones que la sociedad actual ofrece sino que, frívolamente, está armando con suma inteligencia una revoltosa cinta de suspense más próxima al thriller de constantes hitchcockianas cuyos sorpresivos y repetidos desvíos de su trama original mantienen en vilo al espectador mientras su guión coquetea con los falsos culpables y las intrigas paranoicas. En esa misión, las interpretaciones de su cuarteto protagonista; Jude Law, Rooney Mara, Catherine Z.Jones y Channing Tatum colaboran a sembrar el desconcierto y la duda en el espectador sobre lo que está presenciando, ajustándose a unos personajes que son presentados con multitud de interrogantes tras ellos.


Si estaban convencidos de estar ante un film de denuncia social farmaceutica, Soderbergh se la ha jugado. El director pone el piloto en modo “Erin Brockovich” para acabar transformandose en un sucedaneo de Brian De Palma dejando de la lado las posibilidades sociales del relato y optando por un divertimento inteligente y revoltoso. Porque puestos a jubilarse, ¿Qué mejor que hacerlo con un entretenimiento como "Efectos secundarios”?
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