Pocas películas logran despertar sentimientos latentes o potenciar sentimientos patentes entre la platea. Pocas películas románticas tienen el don de enamorar. “Puzzled love” es un pequeño y modesto milagro para nuestro cine, generalmente enclaustrado y anclado en formulas reiterativas cuando de lo que se habla es de amor.
“Puzzled Love” alegra el cuerpo del espectador, está llena de empatía, frescura y juventud. Todo provocado por el entusiasmo. El entusiasmo de 13 estudiantes de la Escuela Superior de Cine de Catalunya que demuestran talento propio y capacidad de trabajo en equipo. Porque “Puzzled Love” se muestra renovadora desde su concepto; película de fin de carrera, divida en 13 fragmentos, dirigidos, escritos, montados y fotografiados por un equipo distinto. Una mezcla de estilos bajo una unidad coherente y lineal que evita que este sea uno de esos productos cuyos capítulos independientes conforman una película deslavazada
La premisa es simple; dos jóvenes estudiantes de Erasmus se enamoran. Sencillo, sí, pero no vulgar. En cada uno de estos trece momentos en que se divide la cinta, correspondientes a cada uno de los meses que la pareja protagonista comparte (excelentes Saras Gil y Marcel Borrás), se alternan ejercicios cinéfilos de montaje – el reencuentro en el cine-, sitcoms con risas enlatadas, inesperados duelos de Skype al ritmo del Dúo Dinámico y Rita Pavone (excelente el uso de la música en toda la película), secuencias de sexo rebozado en harina (riete tú de Jack Nicholson y Jessica Lange) y desenlaces puramente peliculeros. Nada convencional, todo original y principalmente evocador.
Porque todos hemos vivido los comienzos de una relación, “Puzzled Love” nos devuelve a aquel momento, nos provoca una sonrisa y encuentra nuestra compasión por la caducidad de su historia de amor. Sentimientos a flor de piel. De esos que siempre buscamos en una sala de cine y no siempre encontramos.
Han tenido que ser unos treintañeros tweenagers sin experiencia en largometrajes los que hurguen en el espectador y despierten la atención de nuestro cine, el cual por primera vez sabe retratar con fidelidad a la juventud a la que corresponde. Participar en el festival de San Sebastián es un logro más que merecido para una película digital y “mileurista” que debería encontrar en los premios Goya un reconocimiento novel.

“Puzzled Love”, con el amor como arma y la ilusión por bandera, es una de las mejores noticias de este 2011 cinematográfico.