BUSQUEN LAS 7 DIFERENCIAS




El ilustrador norteamericano Tyler Stout nos brinda este cartel alternativo de "Inglorious Basterds" el último y esperadisimo trabajo de Quentin Tarantino. Este poster que bien podría ser el original y nadie rechistaría, sino más bien todo lo contrario, fue realizado para el Fantastic Fest de Austin, un festival de cine con un concepto del séptimo arte y su manera de visionarlo muy diferente a la extendida por todo el mundo. Así lo contaba Nacho Vigalondo en su blog, tras asistir a él para la presentación de "Los Cronocrimenes".
En este Fantastic Fest, Tyler Stout ya es todo un clásico. Para sus proyecciones ha reinventado y creado carteles alternativos de películas como "El gran Lebowski", "La Cosa", "Blade Runner" o "Desafio Total". Todos con un estilo hand-made muy reconocible. También colabora con grupos musicales diseñando sus portadas y posters promocionales o con series tan al alza como "Flight of the Conchords".
Os dejamos una muestra de sus trabajos, que a muchos nos gustaría que rellenaran el blanco de las paredes de nuestras habitaciones. El problema; se antoja muy complicado hacerte con una copia de estos artísticos carteles, si no eres americano y has sido ágil a la hora de adquirir las pocas ediciones que han salido a la venta.
En “El Incidente de la piña”, glorioso capítulo de la primera temporada de “Como conocí a vuestra madre”, Ted Mosby decidía bañar su cerebro en alcohol por una noche, despertando a la mañana siguiente con un tobillo torcido, una chica en su cama y una piña. De la reconstrucción de los hechos de la noche anterior derivó uno de los mejores episodios de esta sitcom, así como el descubrimiento por parte de los guionistas de la fórmula perfecta para la serie, frecuentemente utilizada a lo largo de sus, hasta el momento, cuatro temporadas.
“Resacón en Las Vegas” (“The Hangover”) juega con bazas muy similares al citado episodio, pero ampliando el sentido del desmadre y el caos y con una decisión de base que la hace diferente a cualquier comedia que haya hablado de las consecuencias de la resaca, la práctica ausencia de una sucesión de flashbacks que recuerden el “que pasó”, algo que permite a sus protagonistas y al espectador revelar una sorpresa tras otra, a cada cual más delirante, durante el día inmediatamente posterior a la juerga.
Únicamente con el brindis de principio de la noche entre sus cuatro protagonistas y su consiguiente y valiente elipsis hacía el cielo de Las Vegas, “Resacón en Las Vegas” ya muestra diferenciación y novedad. No será ésta la habitual comedia de una noche loca, sino una película sobre sus efectos y el apuro y la obligación de reproducir todo lo acontecido.
Entre sus detectives (al tiempo que culpables del embolado) encargados de esta jaquecosa y desmemoriada investigación se encuentra el mejor casting del 2009, que hace de Bradley Cooper el galán más a tener en cuenta a corto plazo (lo veremos con Phoenix en la nueva versión de “El Equipo A”), de Ed Helms un tipo corriente que jamás volverá a pasar desapercibido, y sobre todo descubre a un cómico de apellido impronunciable, Zack Galifianakis, que es una de las grandes revelaciones cinematográficas del año.
Y por si no hay suficiente con hora media de diversión asegurada, esperen a sus créditos finales. Solo así comprenderán la gran utilidad que el disparo masivo de fotos al que nos abocan las cámaras digitales, puede tener.

Anunciada como la vuelta a los orígenes de su director, “Arrástrame al infierno” es la película de Sam Raimi que todo el mundo esperaba tras el descalabro de corte emo que fue “Spiderman 3”.
Su historia, la de una joven empleada de banco que rechaza un aplazamiento de los pagos para una vivienda a una desaliñada vieja recibiendo a cambio una maldición, sirve como singular estudio del estado de crisis económica en que se encuentra la sociedad, y también como un perfecto vehículo con el que Raimi desarrolle los elementos preferidos de su cine; posesiones, demonios, vómitos, golpes de efecto, sangre, vísceras, cámara acechando en primera persona, etc.
Desde la apertura con el logo ochentero de Universal y su posterior prólogo, “Arrástrame al infierno” deja muy claras sus intenciones; retrotraernos a aquella época donde el cine-entretenimiento era plenamente eficaz. Raimi haciendo gala de una falta absoluta de complejos y de dominio absoluto del género, consigue el pleno disfrute de esta obra donde la pobre Alison Lohman recibirá todos los palos, sustos, golpes, babas y bocados en la mandíbula posibles para gozo de aquel espectador que sepa entender y pillar el punto a la propuesta deliberamente cutre y gamberra del director de “Posesión Infernal” (un título que podría encajar perfectamente en esta película).
Escoltada por la estupenda banda sonora de Christopher Young y por la exacta interpretación de Alison Lohman (sustituyendo a última hora en el papel a Ellen Page), “Arrástrame al infierno” nos devuelve al mejor Sam Raimi en una película para mirar desprejuiciado y gozar en su máximo grado en sus precisos 96 minutos de duración. Y todo esto sin la presencia de su actor fetiche, Bruce Campbell, lo cual supone un mérito añadido.
No por ser una película animada y “a priori” dirigida a un público infantil es necesario omitir la muerte y las dificultades de la vida real dentro de un relato de amor y cariño mutuo. Pixar es la única compañía capaz de hacerse mayor una y otra vez afrontando sus historias el grado de sinceridad y humanidad que parece haber perdido el cine de carne y hueso. “Ratatouille” defendía la voluntad y el esfuerzo del individuo y animaba a creer en el talento propio con su lema “todo el mundo puede cocinar”, “Wall-E” era una oda al afecto y a la necesidad del contacto humano, así como al respeto al medio ambiente y ahora “Up” habla del amor ciego e incondicional y de los sueños que la dura realidad torna irrealizables. Y aunque los protagonistas de estas historias sean ratas, robots o gamusinos, Pixar sabe como hacer sentirnos identificados con sus sentimientos.
Lo mejor de “Up” se encuentra, como en “Wall-E”, en su arranque. En su resumen de una vida entera de alegrías y penas, esfuerzos y renuncias, ahorros y promesas, cariño y entrega condensado en 5 escasos minutos donde guión, montaje, dominio de la elipsis y banda sonora se dan la mano para crear un sublime testimonio silencioso de las relaciones de pareja. Una sola secuencia para golpear y tocar la fibra del espectador y para constatar que Pixar es el cine modélico, cualitativo e inalcanzable del presente en que nos encontramos.
Entre sus numerosos y coloridos globos, sus perros parlantes y exploradores impertinentes, “Up” es básicamente, la historia de amor de Carl y Ellie Friedriksen y la posterior materialización de un sueño incumplido. Lo primero queda conmovedoramente descrito en la primera media hora de cinta, suponiendo una de las cimas más altas que ha logrado la compañía en sus, hasta el momento, 10 películas animadas. Lo segundo; un viaje repleto de aventuras, oponentes, amigos y emociones, resulta algo más obvio y convencional y puede que incluso insatisfactorio a tenor por todo lo ofrecido anteriormente.
Hay detalles y guiños especialmente inspirados; el collar que justifica porqué los perros hablan, la aparición del villano Muntz como si del coronel Kurtz de “Apocalypse Now” se tratase, pero aún con estos, “Up” se relaja y pone el automático en este segundo tramo, desarrollándose según los patrones estipulados y habitualmente ofrecidos por el género (y también por lo que exige el nuevo formato en 3D), lo cual puede resultar insuficiente para el espectador malcriado y acostumbrado al alto nivel y matiz diferenciador de la compañía. Especialmente descartable resulta el personaje de Russell, el niño que acompañará a Carl en su viaje, cuya ausencia no dañaría a la trama (los amigos encontrados por el camino bien podrían haberse unido directamente al personaje de Carl sin el enlace infantil) más allá de su simpática aparición inicial.
Técnicamente irreprochable, con "Up" Pixar vuelve a emocionar como en ella es costumbre, garantizando su obra de calidad anual en la que siempre confiamos. Aunque una buena alumna aventajada no siempre conseguirá la máxima nota. Y es que cuesta contentarse con un 8 cuando uno se ha abonado a la redonda cifra del 10.
EL SABOR DEL MIEDO (1961)
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