“El sueño de Cassandra” es igual que esa hermana pequeña que busca parecerse a su hermana mayor intentando repetir sus movimientos y comportamientos. Y por supuesto, acaba copiando algunas de sus virtudes, pero, también muchos de sus defectos.
Cerrando su trilogía londinense, Woody Allen, ha hecho de
“El sueño de Cassandra” la cinta más floja de su tríptico sobre el azar, la ambición, el lujo, la culpa, el destino, la codicia, la traición o la familia, temas ya explorados en la alabada
"Match Point" y que ahora el director de
"Zelig" retoma en esta última película.
“El sueño de Cassandra” es la historia de dos hermanos de clase obrera, pero con un gusto por lo ostentoso muy por encima de sus posibilidades. Colin Farrell (en una interpretación llena de tics) apuesta grandes sumas de dinero en el juego y a Ewan Mcgregor (que se muestra elegante) le pierden las mujeres, los coches y el lujo. Su concepto de humildad está desorientado. Son dos hermanos que ansían las vidas que ya tenían otros dos hermanos recientes del cine de Woody, Matthew Goode y Emily Mortimer en “Match Point”,
Tanto Farrell como Mcgregor son personajes llenos de matices, seres humanos repletos de debilidades con los que Woody disfruta al exponerlos a situaciones comprometidas, en una constante tela de juicio, y con los que elaborar un frio suspense con ecos, de nuevo, de Patricia Highsmith.

En
“Cassandra´s dream”, Allen sabe retratar muy bien la ciudad de Londres en consonancia con sus protagonistas, como ya hacía en “Match Point”, es capaz de pasar, (ya no del jazz ) sino de la música clásica a la utilización de una banda sonora original, algo impropio en la carrera del neoyorkino, que ha recurrido a Phillip Glass, tiene una buena puesta en escena y rueda con sofisticación el par de momentos clave que tiene la cinta (excelente demostración de talento tras la cámara, en las secuencias del trato que llevan a cabo Mcgregor y Farrell con Tom Wilkinson y su ejecución por parte de los hermanos).
Pero, al mismo tiempo “
El sueño de Cassandra” cae en los defectos que ya presentaba
“Match Point”; una constante reiteración de secuencias que impiden avanzar a la historia y que hacen que la película tenga una buena serie de altibajos que son los principales causantes de que esta película no acabe de funcionar. Así, somos testigos de numerosos encuentros entre Mcgregor y Farrell, donde una y otra vez, dialogarán y discutirán sobre la moralidad de sus actos, sobre la carga de culpa, sobre el funcionamiento del plan. Woody reincide en exceso sobre ellos, como ya lo hacía con aquellos encuentros amorosos y pasionales entre Rhys Meyers y Johannson en
“Match Point”, que se sucedían sin parar y que recalcaban lo ya recalcado.
Eso, unido al hecho de que el personaje de Hayle Atwell está desaprovechadísimo y que el de Tom Wilkinson, es intermitente, cuando sus apariciones aportaban calidad e interés a la película, hacen de
“El Sueño de Cassandra” un buen intento de repetir
“Match Point” pero incapaz de fructificar en ningún momento.

Aún con esto, no creo que Woody Allen deba ser machacado o prejubilado, como parece que muchos desean a poco que una de sus películas no funcione. Su trilogía londinense nos ha ofrecido un atípico thriller dostoievskiano, una ligera pero divertidísima comedia y un drama moral, que se complementan a la perfección y que guardan similitudes (la diferencia entre clases, el asesinato, un barco, la familia, la atracción física, la tragedia, etc) y que demuestran que Woody aun tiene mucho que contar y que todavía es capaz de reinventarse, sin traicionarse a si mismo. Lo de Barcelona, será un nuevo paso en su filmografía, que yo, al menos, ya espero ansioso.