PIRATAS 3 - ESPECTADOR 0
Se podía imaginar que “Piratas del Caribe” iba a acabar en algo así, dentro de la alarmante línea descendente que había tomado una saga que no fue concebida como tal. Una película de éxito, de enorme éxito, como fue “Piratas del Caribe, La maldición de la Perla Negra”, simpática, aventurera, divertida, dio el inevitable paso a dos secuelas que no hicieron más que estirar al máximo la formula, creando dos productos prefabricados, en los cuales no se puede negar la pericia de sus creadores a la hora de sacar más de 5 horas de metraje entre ambas de un argumento inexistente, como tampoco se puede negar el insoportable tedio al que nos han sometido estas dos secuelas completamente innecesarias.
Esta última entrega, “Piratas del Caribe, En el fin del mundo” es el paradigma definitivo del cine de nula aportación artística (por descontado), como también lo es (y esto es lo más grave) de nula aportación evasiva. Una cinta egoísta, a la que no le importa lo más mínimo el espectador y que solo intenta llenar el metraje a fin de hacer posible el estreno de una tercera parte con la que poder acumular en su primer fin de semana casi todo el presupuesto invertido y lograr ganancias astronómicas, haciendo de lo más importante, la campaña publicitaria y aprovechándose de la potente autopromoción de la franquicia. No hay mucho más allá en este cierre de trilogía, completamente vacuo. Y por ese motivo, “Piratas del Caribe, En el fin del mundo” es rechazable y denunciable.
A lo largo de sus excesivas 2 horas y 45 minutos, “Piratas del Caribe, En el fin del mundo” se dedica a proponer secuencias que inflen y rellenen los huecos que deja un argumento tan sumamente débil como el de la cruzada para acabar con el pirata Dave Jones, que encarna ( si es que permite esta expresión) Bill Nighy. De este modo, seremos testigos de 15 minutos de reunión entre los más famosos piratas que... ¿aportan algo al desarrollo de la trama? No, pero llenan 15 minutos. Testigos de otros 15 para dar rienda suelta a la llamada “Diosa Calypto”...¿con algún fin? Ninguno, solo el de alardear de efectos especiales... ¿aporta algo? Absolutamente nada, ya ni siquiera este personaje participa en el desenlace al desaparecer súbitamente.Por no hablar de las conversaciones de Jack Sparrow (pasadísimo Johnny Depp) con sus otros yo (ridículas), o los abruptos momentos de romance entre Will Turner y Elizabeth Swann (Orlando Bloom, confirmando lo pésimo actor que es, y Knighley empeñada en poner morritos). Todo ello, subrayado por la pesadísima e irritante música de Hans Zimmer. Grandes motivos todos, para sentirse enojado.
“Piratas del Caribe, En el fin del mundo” es una entrega aburridísima, plana hasta decir basta e insultante. Y lo malo es que su recaudación (tan solo en su fin de semana de estreno, más de 120 millones de dólares en los EEUU), continua abriendo las puertas a una nueva producción de la saga, o (peor todavía) a la puesta en práctica de “películas piloto” o “películas-trampa” que a poco que funcionen entre el público, serán solo las precursoras de una inundación de secuelas de sí mismas, cortadas por el mismo patrón que esta tercera parte de las aventuras de Sparrow. El cine actual viene practicando esta moda desde hace años. “Piratas del Caribe” y “Matrix” han ejercido de ingenuas promotoras de ese mal endémico, con el que Joel Silver o Jerry Bruckheimer se frotan las manos y ante el cual el espectador debería de una vez por todas rebelarse, cosa, por otro lado, harto complicada. Y es que esta situación está haciendo muchísimo daño al séptimo arte.
Háganme caso. Eviten a toda costa “Piratas del Caribe, En el fin del mundo”.Merecen algo mejor.
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Echando un vistazo a la carrera de David Fincher, (“Alien 3”, “Seven”, “The Game” “El club de la lucha” y “La habitación del pánico”), su último film, “Zodiac” se antoja todavía más insólito. En esta ocasión, Fincher se ha arriesgado con un film a contracorriente, un film muy alejado de los patrones narrativos del thriller actual en el que, precisamente, él, ha tenido mucho que ver.


Incluso la actriz Ione Skye, que realiza un pequeño papel como madre secuestrada por el supuesto asesino, es la hija de Donovan, el cantante del psicodélico tema “Hurdy Gurdy Man” que cierra esta película con la que Fincher nos ha sorprendido y deleitado y que hace de su figura, algo más que la de un virtuoso de la cámara y un buen director de thrillers. Con “Zodiac”, David Fincher consigue su mejor obra. Una cinta impecable que lo confirma como uno de los mejores directores de cine de la actualidad.







Con estos carteles se promociona el cine en Bielorrusia y yo, sin palabras...
He aquí un ejemplo de como deformar la cara de Sandra Bullock, tal y como ya hizo su cirujano plástico hace unos años. En la primera imagen, Bullock es castaña y de cara alargada, nariz alargada y barbilla prominente. En la segunda, morena, sin apenas barbilla, nariz recta y cara redonda. Lo único que se respeta es su jersey morado. Ahh, y el de su lado, dicen que es Hugh Grant. Y la pelí, "Amor con Preaviso" ("Two Weeks notice).
"Spy Kids 3D". Uno de los más logrados de esta serie de carteles, que tampoco es que diga mucho de él. Banderas y Stallone desaparecen y los niños se asemejan ligeramente a los originales, sobre todo el niño, aunque sus gafas esten dobladas y la niña, aunque tenga una sonrisa mongola sospechosa...
La gracia del poster de "Amor Ciego" era presentar a una Gwyneth Paltrow de esplendida figura, para mostrar en la pared azul una sombra rellenisima de ella misma. Un buen detalle de un cartel que decía mucho del argumento de esta película, en la que Jack Black veia a Paltrow tal y como es, mientras el resto del mundo la veia "gorda como una nutra". Pues a los bielorrusos eso; o se la repamplinfa o no han pillado el "quid de la cuestión", porque han dibujado unas sombricas difusas al fondo y a la mujer del de Coldplay y madre de una manzana, la han puesto bien forrondosca, o sea, jaquetona. Y con ello, adiós al único buen detalle del poster...






Hay momentos vergonzosos, como la secuencia de chulería de Peter Parker, tras contactar con la viscosidad negra y sentirse irresistible, acompañada por una cancioncilla de fondo y un desenlace propio del cine musical, o la forzada introducción del momento cumbre final, que denotan la fragilidad de un guión (escrito por Ivan y Sam Raimi y Alvin Sargent) que recurre a tópicos para salvar el pellejo en las numerosas ocasiones en que no encuentra una salida lógica a la situación creada.












